El diagnóstico

El diagnóstico

Más que de El Insomnio deberíamos hablar de LOS INSOMNIOS, pues cada persona tiene unas necesidades de sueño determinadas y unas causas por las que se perturba su patrón de sueño.


Por eso desde SOMNIA facilitamos que cada persona comprenda su propio problema y realice el estudio de las causas que le han modificado su patrón de sueño. El objetivo en SOMNIA es recuperar el ciclo de sueño acorde a la edad, y/o en todo caso, incrementar la calidad del sueño, y por tanto la calidad de vida.

Tipos de Insomnio

Hay muchas formas de insomnio: tardar demasiado tiempo en dormir, despertarse mucho antes del momento de levantarse, despertarse muchas veces por la noche o tener la sensación de que no se ha dormido bien y no se ha descansado (existan o no correlatos fisiológicos en el hipnograma).


La mayoría de los periodos de insomnio son cortos y duran menos de 3 semanas. Son insomnios ocasionales o transitorios. Suelen estar asociados a una situación concreta y fácil de identificar (problemas profesionales o familiares, duelo, divorcio…).


En la definición del DSM-IV TR (2003) se hace hincapié en el hecho de que exista la queja porque se ha comprobado que con patrones de sueño similares unas personas lo viven sin problema, porque no achacan a la falta de sueño sus dificultades y fatigas diarias, mientras que otros sí lo hacen.


Aunque conviene tener presente que no existe “El insomnio” sino tantos tipos de insomnio como personas los padecen,  podemos extraer de las distintas clasificaciones gnosológicas, a modo orientativo tres tipos que nos parecen especialmente significativos:


INSOMNIO PRIMARIO


Se define por el DSM IV-TR  como la “dificultad para iniciar o mantener el sueño, o la sensación de no haber tenido un sueño reparador durante al menos 1 mes, que provoca un malestar clínicamente significativo o un deterioro laboral, social o de otras áreas importantes de la actividad del individuo”.  Esta alteración no aparece exclusivamente asociada a otro trastorno del sueño, a trastorno mental, a consumo de sustancias tóxicas o a una enfermedad médica.


Se denomina así al insomnio para el que no se encuentra causa explicativa, y no parece ir asociado a otros factores de importancia. De los trastornos del sueño, es el que registra la mayor incidencia. Se suele asociar con un aumento del nivel de alerta fisiológico y psicológico durante la noche, junto con un condicionamiento negativo para dormir. La preocupación intensa y el malestar por la imposibilidad de dormir bien pueden generar un círculo vicioso: cuando más intenta el insomne dormir más frustrado y molesto se encuentra, y menos duerme. 


Estar acostado en una cama en la que se ha pasado noches sin dormir puede producir frustración y activación condicionada. Por el contrario la persona puede dormirse más fácilmente cuando no lo intenta (p. ej. Mientras mira la TV, lee o conduce un coche). Algunas personas con un estado de alerta alto y un condicionamiento negativo explican que duermen mejor fuera de su dormitorio y de su entorno. Los individuos que presentan insomnio primario pueden adquirir hábitos de sueño desadaptados (p. ej.  hacer la siesta, pasar excesivo tiempo en la cama, seguir horario de sueño errático, realizar en la cama conductas incompatibles con el sueño) durante el curso del trastorno.


Es un insomnio que se autoalimenta en función del comportamiento del insomne,  y fácilmente entra en un círculo vicioso y de cronicidad que puede generar con el tiempo mayores niveles de estrés y ansiedad.

INSOMNIO CRÓNICO


Otros autores (S. Royant-Parola -2005)  definen el Insomnio Crónico como un insomnio que se produce más de 3 veces por semana  y desde hace más de 3 meses. Su repercusión en el día siguiente es nefasta. Se repite noche tras noche, debilita la resistencia de la persona frente al estrés y las agresiones de la vida diaria.


Sus causas y/o mantenimiento se ve asociado a factores psicológicos (generalmente ansiedad/depresión). En este tipo de insomnio las condiciones relacionadas con el entorno o con el tipo de vida estresante están fuertemente  implicadas. Y de la misma manera que el primario, se autoalimenta también en función del comportamiento del insomne,  entrando en un círculo vicioso y de cronicidad que puede incrementar los  niveles de estrés y ansiedad iniciales.


SINDROME DE DEFICIENCIA CRÓNICA DEL SUEÑO

E. Estivil y Saez de Tejada (2008)  describen este síndrome como  la situación  de aquellas personas que duermen un promedio de 4-5 horas durante la semana, y el sábado y el domingo “recuperan” durmiendo 12-14 horas.


Estas personas se duermen nada más caer en la cama y se despiertan con el despertador, es decir tienen una eficiencia muy alta de sueño. Pero no son conscientes de que sus 4 o 5 horas diarias no son suficientes para mantener su estado de vigilia completamente alerta, y  en situaciones de rutina pueden padecer somnolencia. Las personas que sufren dicho síndrome tienen un 40% más de probabilidades de sufrir un accidente de circulación y accidentes de trabajo, que aquellas que duermen 7-8 horas.


Cada vez parece más probado que algunos de los gravísimos accidentes de circulación que ocurren sin una causa clara, son debidos que el conductor sufre falta de sueño crónica y se duerme durante la conducción.
Se estima que un tercio de la población sufre este síndrome.

 
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